2.1.1. Una peregrinación por los actos de valoración

Por Erika Alexandra Arias Aguirre

 

Es decir, “La Peregrinación” tiene para el lector contemporáneo

una trascendencia que va mucho más allá de la geografía o de la historia."

Jimmy Weiskopf

 El 17 de octubre de 1850, aparece en la sección de Remitidos de El Neo-granadino el artículo titulado Alpha, escrito por Emiro Kastos, seudónimo de Juan de Dios Restrepo. El autor denuncia las sofocantes discusiones políticas que invaden la prensa periódica y restan valor  e interés a los asuntos económicos, industriales y artísticos. En estas circunstancias, un texto como la Peregrinación se diferencia de la mayoría de artículos publicados en prensa; precisamente, unas de las propiedades fundamentales de la función estética es aislar el objeto portador de otros que no la poseen, en otros términos, poner en relieve dicho enunciado sobre los demás y dirigir la atención del público hacia estos folletines en particular. Como lo menciona el mismo Kastos, en las narraciones de Alpha, seudónimo de Ancízar, se describen las cuestiones más relevantes del país: riquezas naturales, tradiciones populares y recuerdos históricos; se trabaja de este modo “por el progresivo desarrollo de las ideas i en pro de la civilización” (El Neo-granadino n° 125, 17 de octubre de 1850: 356). De lo anterior se desprende que la Peregrinación produzca cierto tipo de placer estético en los lectores:

No hallando, pues, en nuestros periódicos ni enseñanzas ni solaz, sofocados por las cuestiones políticas i las invectivas de los partidos, al encontrarnos con las risueñas, espirituales i nutritivas peregrinaciones de Alpha, esperimentamos idéntico placer al que se siente cuando viajando en nuestros valles calientes, a los rayos del sol del medio dia, por medio de ardientes escampados, penetramos en un oasis lleno de sombra i de frescura i nos sentamos a la orilla de un arroyo cristalino. (356)

Así pues, las descripciones de Alpha son para este lector un refugio asilado en medio del valle caliente de las agitaciones políticas. Kastos reconoce además la dificultad que implica la composición de un texto de tales características cuyos móviles son la ciencia y el patriotismo. Se destaca así el carácter híbrido y complejo de la Peregrinación que satisface los gustos del público receptor: “Observaciones científicas, festiva i mesurada crítica, recuerdos históricos, culto i nítido lenguaje, pincel verdadero, alma e imajinación de poeta: nada echará de menos en las peregrinaciones el mas exijente lector.” (356)

Debemos señalar que en esta valoración la Peregrinación es percibida como portadora de la función estética por causas muy ligadas a las circunstancias de la prensa y al contexto social en el que fue concebida. Sin embargo, podemos identificar desde ya algunos valores inmanentes a la obra, que provocan en las diversas colectividades determinado objeto estético o significado, a saber: el dinamismo que adquieren en la obra la descripción de las riquezas minerales y vegetales, la cultura popular y la historia y su correspondiente  recreación plástica en el texto, por lo cual se asocia su oficio al del pintor y poeta. 

Años más tarde, en 1853 y 1854, aparecen en el Pasatiempo dos notas sobre la Peregrinación, la primera con ocasión de la publicación de la obra completa en la imprenta Echeverría Hermanos. En ésta se reconoce a Ancízar como literato y se recomienda la adquisición de la obra a los lectores ilustrados; además, teniendo en cuenta que no ha cambiado radicalmente el contexto social, el objeto estético sigue siendo el mismo: una obra única y progresista en medio de la agitada situación política. En este momento, la Peregrinación viene a suplir una necesidad social, esto es, la carencia de escritos que “...vertieran su atención a lo que realmente nos interesa!” (El Pasatiempo n° 108, de julio de 1853: 34), lo que provoca el goce estético; pero también, cumple una función comunicativa: informar al extranjero sobre las riquezas del país, con el fin de promover la inmigración. Asimismo, en estas dos notas, se destaca como valor inherente al texto su capacidad de captar varios aspectos desconocidos de la realidad nacional y de representarlos de forma plástica como un pintor, lo cual instruye y deleita al lector:

Erudición, magnífica poesía, verdad i filosofía, pompa en el lenguaje, instrucción científica, patriotismo, elevación de ideas, esactitud en el colorido local, chiste i talento en las descripciones de todas los objetos i en la apreciación de todas las costumbres, pureza en el lenguaje i energía en los cuadros i en todas las pinceladas. (El Pasatiempo 12 de abril, 1854: 437)

Damos ahora un salto a 1918, en la revista Voces de Barranquilla, Pablo Vila publica el artículo La Peregrinación de Alpha y la Peña de Tisquisoque. Su acto de valoración merece nuestra atención porque es una lectura del texto hecha desde el punto de vista de un geógrafo. Vila percibe el carácter artístico de la obra:

Es una muestra magnífica de literatura geográfica. Su estilo descriptivo y lleno de colores da la impresión de una serie de apuntes hechos por un pintor atraído constantemente por el paisaje y por las escenas de vida sencilla y primitiva que se le van presentando en sus correrías. No tienen otro defecto estos cuadros que el estar enmarcados por párrafos rellenos de un romanticismo filosófico y social hijo de la época. (Voces n° 23, mayo 20 de 1918: 140)

 Sin embargo, su componente artístico es percibido como accesorio, porque para Vila la función estética, en este caso, está subordinada a la documental. Es comprensible que el geógrafo busque la precisión en el dato y critique el comentario filosófico y social del texto, porque no valora la obra como unidad de conjunto:

Desgraciadamente para el valor geográfico nuestro autor alguna vez describió lo que no había visto, lo que sólo sabía de oídas, e hizo la reseña sin manifestar que se valía para ello de datos recogidos por otros, poniendo al fin de la descripción consideraciones pseudo filosóficas, a manera de consecuencias de la impresión recibida ante el espectáculo de bellezas naturales. (Voces n° 23, mayo 20 de 1918:141)

Como científico, Vila verifica los datos suministrados por Ancízar, así, se dirige a la Peña de Tisquisoque, pero para su sorpresa la información no corresponde a la realidad fáctica. En este pasaje en particular, Ancízar no sigue el método científico para referirse a una realidad concreta, por el contrario recurre a comentarios de la narrativa oral. Seguramente, Ancízar no visitó muchos de los lugares registrados en la obra; sin embargo, están descritos en el libro, porque para Ancízar eran importantes y significativos los testimonios de los propios habitantes, sobre los lugares, monumentos o leyendas que ellos consideraban dignos de mención, como la peña de Tisquisoque, entre otros. Para Vila la obra pierde parte de su valor, porque no cumple a cabalidad con la función documental. Pero, para los estudios literarios este mismo hecho hace que se manifieste con mayor fuerza su función estética, debido precisamente al debilitamiento de su relación con la realidad concreta y al fortalecimiento con la realidad de los valores.

De 1956 a 1971, encontramos seis artículos que comparten lugares comunes respecto a la Peregrinación. Como es de esperarse la obra se ha desplazado en el tiempo y ha cambiado, parcialmente, su contexto social y, asimismo, el objeto estético o significado, correspondiente en la conciencia colectiva. Ya no es un oasis en medio de los mismos valles calientes de la política, ya no provoca el mismo frescor por su singularidad, puesto que a partir del surgimiento del Mosaico (1858-1872), las descripciones costumbristas, adoptadas por Ancízar en su momento, más tarde se popularizan e incluso invaden la prensa tanto como las discusiones políticas. Textos como el de Julio Londoño (La República, 9 de  noviembre de 1956), por ejemplo, van a destacar el carácter pionero de la obra en el campo de las ciencias y el arte; se suma a lo anterior el carácter historiográfico de la Peregrinación, puesto que su lectura permite conocer el pasado y la memoria de la República y hacer relaciones con el presente:

Ancízar acompañó a la comisión y sus incidentes y observaciones los consignó en su libro con el cual dotó a la ciencia y a la literatura colombiana de una de sus más importantes obras. (...) Es el primer intento de mostrar una parte del país con sus costumbres, su raza, su manera de ser, su estructura social, las relaciones entre lo urbano y lo rural y muchos aspectos más que permiten conocer la Colombia de ayer y compararla con la Colombia de hoy. (La República, 9 de  noviembre de 1956)

 Entre estos seis artículos, cabe resaltar el comentario de Carlos Arturo Caparroso, porque es el único que se refiere a la Peregrinación en términos de función literaria. Este autor como los anteriores comprende el carácter híbrido de la obra, en tanto informe científico y social, porque es un documento sobre “lo físico, moral, político, económico, estadístico, y (...) las costumbres y usos locales”; pero sobre todo afirma el autor: es la “obra feliz de un literato y de un sociólogo también...” (Boletín cultural y bibliográfico, 1959, Vol. 2, N° 8 Sep.) La representación artística-literaria del paisaje y las costumbres, precisamente, de lo que podemos considerar inmutable y permanente, es la que hace vigente la lectura del texto, a pesar de haber transcurrido un tiempo considerable:

Carácter literario de la Peregrinación que, en última instancia, es el que le ha venido a asegurar su indiscutible mérito y su nunca decaído interés para los lectores de cualquier tiempo. Tanto en la pintura de costumbres y tipos humanos como en las descripciones de la naturaleza. (...) En cuanto a puro costumbrismo, Ancízar ofrece rasgos tan relevantes en su obra como los que, en géneros diversos, pueden hallarse en Eugenio Díaz, Vergara y Vergara y Marroquín. (Ibíd. 477) 

Los demás comentarios, como los de Felix Henao (Pontificia Bolivariana, N° 78 Abr. / jul. 1957 Vol. 22: 117) y otros publicados en el Tiempo, en 1957, 1966 y1971, reconocen el valor literario de la obra, asociado principalmente al estilo ameno y recursos retóricos empleados por Ancízar; igualmente, la consideran el mejor relato de viaje, una obra maestra y consagrada, y un modelo a seguir. Respecto a la vigencia de la obra, Jaime Paredes en el artículo del 71(El Tiempo, 3 de mayo, 1971) comete una equivocación al afirmar que la obra fue escrita “a finales del siglo pasado”; en realidad, la obra fue compuesta hacia la mitad del siglo XIX (1850-1851). Este desacierto de media centuria revela que la obra es percibida por Paredes como una composición reciente, escrita hace poco tiempo. Podemos decir entonces que esto se produce porque los problemas y fenómenos tratados continúan, sin cambios notables en Colombia.

Ciento veinte años transcurrieron desde la composición de la Peregrinación al comentario de Paredes, tiempo que ha permitido añadir otros valores a la obra como el hecho de dejar huella e influir en las producciones artísticas posteriores. Pionera en la recolección de elementos extraestéticos (científicos, sociales, históricos), en otras palabras, el complejo conjunto de lo que constituye la realidad nacional, inspiró a los escritores. Característica que van a imitar los escritos costumbristas posteriores, pero quienes no lograrán hacerlo con tal acierto porque no tienen como Ancízar el acercamiento a las desconocidas realidades provinciales.

El 10 de julio de 1988, en Lecturas dominicales, se publica “La versión gringa de la Peregrinación de Alpha”, es decir, un artículo, titulado El país que no cambia, del historiador norteamericano Jimmy Weiskopf sobre el libro de Manuel Ancízar. El comentario de Weiskopf llama nuestra atención porque uno de los objetivos de la Comisión y especialmente del trabajo de Ancízar era dar “a conocer el país en el exterior en todas sus fases y especialmente en las que son adecuadas para promover la inmigración de extranjeros industriosos” (Documentos de la Comisión Corográfica, citado en Loaiza, 1996: 46) Pero ¿Qué opina uno de ellos de nuestro país y de esta obra “esencialmente dramática y descriptiva” (Ibíd. 1996)?

Desde el título, el texto es bastante sugestivo, el historiador radicado en el país opina que Colombia no ha cambiado, “aunque [la Peregrinación] hable solamente de paso de política, al leer el libro con cuidado se encuentra un análisis tan agudo de los problemas aún no resueltos —funestas consecuencias de la conquista y la colonia—que parece que fuera escrito ayer” (Lecturas dominicales, 10 de julio de 1988: 7). Al parecer, las costumbres, la vida cotidiana y el medio ambiente no se transforman sino degeneran; de modo que la violencia y el subdesarrollo del país no sólo siguen vigentes en 1988, sino también se agudizan lamentablemente hoy: “la apatía del pueblo y la altivez de los gobernantes; malas escuelas y vías de comunicación; la burocracia y la politiquería; y el descuido de las provincias por parte del gobierno central” (7).

Igualmente, para el historiador la Peregrinación es un obra que no se puede volver a escribir, porque la compuso un gigante intelectual (periodista, político, literato, geógrafo, educador, etnógrafo, etc.), quien al conocer muy bien el exterior “hizo sus labores en Colombia con plena conciencia de su americanismo” (7). Se suma a lo anterior que la acelerada vida moderna no permite fácilmente a los hombres el conocimiento de varias materias como fue el privilegio de Ancízar en el siglo XIX y por consecuencia la composición de una obra en la que no hay límites entre los discursos y métodos de las diversas disciplinas. 

Para Weiskopf el libro es un “Baedeker”, una guía de consulta sobre la fauna, la flora, la agricultura, la industria, el folclor y los accidentes geográficos de la región andina; es también un libro que se destaca por sus apuntes costumbristas, “cuadros vivientes de eternas pequeñeces de provincia, que lo ponen a uno a dudar si nuestra vida pueblerina ha progresado mucho en los últimos 140 años.”(7); además, el estilo claro y vigoroso de su lenguaje hace del texto una poesía en homenaje a los Andes y sus habitantes.

Cabe resaltar que entre los artículos aquí presentados este es el único que destaca el interés de Ancízar por la cultura y los pueblos precolombinos: “De hecho, su afición por la cultura precolombina trasciende el anticuarismo estéril y malinformado de su siglo y demuestra una verdadera apreciación de sus logros basada en una investigación pionera de campo y archivo.” (7). No deja de sorprender que aunque el tema precolombino está presente desde el primer capítulo y se mantiene a lo largo del libro, éste no haya sido percibido como un componente fundamental de la Peregrinación. Como veremos Ancízar legitima, gracias a varios procedimientos composicionales, la memoria de lo que él denomina el país de los chibchas como elemento clave para la construcción del imaginario de la nación y representación de la identidad neogranadina. Además, también resulta curioso que sea un extranjero quien primero se percate de la importancia de las culturas y pueblos indígenas en la obra de Ancízar.

Podemos agregar entonces que la Peregrinación es percibida por Weiskopf como portadora de la función estética, porque es un libro único e irrepetible, se diferencia así de las demás producciones intelectuales y artísticas a lo largo de la historia colombiana y es pionera en muchos campos del saber. Además, para el lector contemporáneo, sus descripciones tienen una trascendencia que sobrepasa el campo de lo documental para entrar en la transformación de la realidad intencional de la colectividad; pues su lectura y el inevitable contraste con la actualidad suscitan “diagnósticos dolorosos” en el receptor, quien se acerca a la obra a través de su sistema de valores y transforma su actitud frente a las realidades existencialmente relevantes para él, como conjunto de valores.

Finalmente, en la revista Memoria del Archivo General de la Nación (1996), encontramos el artículo Manuel Ancízar y su Peregrinación de Alpha de Gilberto Loaiza Cano. El autor reconoce el carácter artístico-estético de la obra y sus correspondientes procedimientos composicionales,  no pierde de vista la particularidad híbrida del texto, en tanto demanda oficial dentro del proyecto de la Comisión Corográfica. Loaiza reconoce que la obra estuvo basada en un trabajo colectivo multidisciplinario, “pero no puede soslayarse su valor literario, fruto de un esfuerzo de composición y pulimento” (53). Para el desarrollo de este trabajo, esta afirmación nos ha permitido formularla en términos de “intención estética-artística” con el firme propósito de explicar en profundidad el valor literario de la obra. Sabemos que la Peregrinación no hubiera podido realizarse  en otras circunstancias diferentes a las de la Comisión Corográfica, ya que la realización del proyecto estatal permitió el verdadero acercamiento a las “entrañas de la realidad provincial” (46); y muchas de las cualidades de la obra señaladas por la crítica como la descripción exacta y detallada de las costumbres, las razas, los monumentos, los accidentes geográficos, entre otros, ya estaban estipuladas en su contrato. El mérito de Ancízar se limitaría al buen cumplimiento de una tarea y el texto no tendría para nuestra disciplina mayor interés. Sin embargo, la intención estética-artística predominante en la obra es una manifestación de la voluntad del escritor que no puede ser inadvertida u opacada.

Loaiza coincide con otros autores en señalar el carácter pionero de la Peregrinación, en realidad, Ancízar fue el primer ciudadano contratado por el estado para viajar y describir el país. Pero además este hombre contaba con unas cualidades y experiencia vital particulares que lo distinguían de los demás neogranadinos ilustrados:

Sabio y político a la vez, poseía entonces las cualidades para describir las virtudes y los defectos de una sociedad desconocida, las riquezas y las carencias de un territorio multiforme. (...)Tal vez estemos hablando no sólo de un tipo de escritor difícilmente presente en nuestra época, sino de un tipo de individuo cuyos atributos hoy tampoco existen. (46-49)

Al mismo tiempo, la Peregrinación para Loaiza “es obra fundadora de un nuevo género literario, forma de escritura impuesta por la tarea de definir los principales rasgos de la compleja sociedad neogranadina.” (48); aunque se trata de una afirmación exagerada, en cuanto a la novedad del género, aquí, el autor se refiere a los orígenes del costumbrismo como género en Colombia[1]. Es interesante observar que no lo vincule sólo con la tradición costumbrista española de Larra o Mesonero Romanos, sino con una corriente intelectual latinoamericana del siglo XIX que pretendía forjar una identidad y conciencia nacionales, a partir del verdadero contacto con la realidad concreta, de ahí la voluntad científica de Ancízar y su búsqueda de belleza literaria:

En el siglo XIX, las repúblicas americanas necesitaban fundar en bases sólidas sus respectivas nacionalidades y los intelectuales cosmopolitas que habían deambulado por su continente y por Europa entendieron que era necesario detenerse en el estudio de las situaciones concretas de sus países. (47)

El texto de Loaiza presenta un panorama general de la Peregrinación, señala diversos aspectos relacionados con su valor literario y placer estético, pero se queda en generalidades y lugares comunes insuficientes para demostrar el valor literario y estético de la obra. No obstante, Loiza sugiere realizar un estudio de los criterios de composición que permita esclarecer las cualidades literarias de la Peregrinación.

En resumen, este recorrido por los juicios valorativos de la obra ha permitido ilustrar la variabilidad de la valoración y del significado u objeto estético en los lectores de diversas épocas. La obra desde su publicación produjo placer y goce estético y apuntaba a la transformación de la actitud de sus receptores hacia la realidad intencional y trascendente neogranadina. Primero, porque se diferenciaba de los demás artículos de prensa de tinte político, ya que comunicaba de forma plástica como un “pintor” aspectos científicos, sociales e históricos, desconocidos por la comunidad letrada a la que Ancízar pertenecía; la Peregrinación suple, así, una necesidad social relacionada con el conocimiento y descubrimiento de la realidad nacional.

Con los años, la Peregrinación viene a ser considerada pionera en muchos campos del saber y sobretodo de un movimiento artístico conocido como costumbrismo. La mayoría de los comentarios del valor literario de esta obra son laudatorios y se limitan a afirmar, desde Emiro Kastos,  que es pionera en el costumbrismo colombiano, pero no explican cómo ni por qué. En otras ocasiones, cuando la obra pierde alguno de sus valores como el científico, porque no cumple a cabalidad con la denotación objetiva de los accidentes geográficos, la función estética se manifiesta más claramente porque se acentúa la relación con la realidad intencional. Asimismo, se suma el valor histórico, pues su detenido estudio de las costumbres y la geografía permite evidenciar los cambios o el estatismo producidos a lo largo de la historia colombiana; sin embargo, este cotejo con el presente en ocasiones produce sensaciones dolorosas o displacer en el lector contemporáneo: nos damos cuenta de que los problemas señalados por Ancízar hace más de 160 años no han encontrado aún solución. Quizá la Peregrinación de Alpha es tan vigente que “parece escrita ayer” (Lecturas dominicales, 7) porque Ancízar representó lo inmutable y permanente, es decir, las costumbres de todo tipo.



[1] Siguiendo a María Teresa Cristina, nosotros consideramos el costumbrismo un movimiento y no un género, ya que esta actitud frente a la realidad y su representación están presente en diversos géneros, como la novela, los cuadros y artículos e incluso el teatro. (1992, 103)